El cambio, siempre es posible…
El martes al atardecer
Milena se preparó para dirigirse a su primera clase de programación, carrera
que decidió empezar para acercarse a un mundo que la atrae pero a la vez le da
miedo.
Con mucho entusiasmo salió
de su casa y caminó las DIEZ cuadras que la separan de la facultad las hizo en
un estado de felicidad, mezclada con incertidumbre y ansiedad, caminaba como
entre algodones y con una gran sonrisa que iluminaba toda su cara.
Al llegar al aula grande fue
su sorpresa porque además de ella sólo había otra chica, el resto de los
alumnos eran varones, al menos esa era la primera impresión que tuvo, que todos
eran del sexo opuesto. Milena se acomodó en la última fila de bancos y desde
allí se dispuso a recibir la clase, se sentía inquieta por momentos, a pesar de la cálida bienvenida que les dio el
profesor, se sentía rara porque ella
siempre había sido una alumna muy
participativa en las clases, y acá no, se sentía observada, inhibida y cuando
el docente preguntaba a la clase, no se animaba a opinar, a medida que avanzaba
la clase comenzó a sentirse más relajada pero diversos pensamientos rondaban
por su cabeza, no podía dejar de preguntarse por qué no había más chicas,
incluso imaginaba cómo sería el trayecto de su carrera en un espacio de hombres
y no sólo durante su formación sino también de qué manera se sentiría para
afrontar emocionalmente y desarrollarse
en un mundo laboral que se le presenta en su imaginario como bastante hostil.
Terminada la clase, se
acercó a su compañera y le preguntó cómo fue su experiencia en este primer día,
ella le contó que también tuvo un estado de ansiedad, que le producía
sentimientos encontrados y las dos prometieron acompañarse mutuamente para
lograr sus objetivos. Ya camino a su
casa Milena siguió pensando por qué
pasaba esto: el 90% de la clase eran hombres, se propuso investigar sobre el tema, quería
asesorarse, capacitarse porque a partir de ahora a su objetivo de convertirse en
una excelente ingeniera en programación le sumaría el de convertirse en una militante fervorosa que da
a conocer su carrera, que tiene herramientas para acompañar y asesora a las
chicas que quieran comenzar su carrera y para que las mujeres conozcan las posibilidades
que genera y si así lo desean asuman que esta formación
también les abre un gran campo de desarrollo profesional sin tener que desecharla
por pensar que no es una carrera para mujeres.